En las escuelas vemos como los niños estudian (normalmente) mediante rígidos sistemas en los que el todo prima sobre sus particularismos, donde el objetivo de lograr un “aprobado” es más importante que la esencia misma de la educación, que es preparar al alumno para sobrevivir y tener éxito en un mercado laboral cada día más duro y exigente.
Nos damos cuenta que nuestros chicos salen del instituto habiendo superado (o no) unas cargas lectivas importantes pero faltas de “utilidad”, donde los contenidos teóricos priman sobre la práctica, donde el estudiante es incapaz de “construir” su propio conocimiento.
Si nuestros diferentes gobiernos (no importa su color) se muestran como unos “ineptos” a la hora diseñar un sistema educativo acorde con la realidad en que vivimos, si no somos capaces de reconocer la diversidad del alumnado, tanto desde el punto de vista de sus intereses y motivaciones, como desde el punto de vista cognitivo, la sociedad moderna tiene un problema importante.
Nuestros estudiantes cada día cuentan con más herramientas, sin embargo salen peor preparados, eso debería darnos mucho que pensar. La pérdida de valores fundamentales hace que se pierda el respeto en las aulas, donde profesores y alumnos deberían ser, aunque no lo son, un equipo de trabajo con un objetivo común.
Es de urgencia replantear nuestro sistema educativo desde sus mismos cimientos.
El objetivo de esta serie de artículos que aquí os presentamos y de los que este es el primero, es mostraros cómo aprende un estudiante, y fijaros que hablamos de “aprender” no de “estudiar”, ya que ambos términos no son ni mucho menos sinónimos. Buscaremos llegar en base a esos estilos de aprendizaje a un modelo pedagógico que rentabilice las capacidades de cada alumno sacando el máximo partido de ellas. Buscaremos también cómo llevar a la práctica esos modelos.
Keefe dijo en 1988 que “los estilos de aprendizaje son los rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos, que sirven como indicadores relativamente estables, de cómo los discentes perciben, interaccionan y responden a sus ambientes de aprendizaje”
Los rasgos cognitivos se refieren a cómo el individuo percibe e interpreta la información y cómo después resuelve problemas en función de esa información. Ese uso “preferido” de determinado sentido (visual, auditivo, cinético) nos da una pista importante de cómo debemos de diseñar un determinado proyecto de formación. Debemos de tener en cuenta que un alumno “visual” al que sólo damos información hablada aprovechará mal sus capacidades y lo mismo podemos decir para cualquier otro sentido.
En cuanto a los rasgos fisiológicos, principalmente los biotipos y los biorritmos son los grandes olvidados, pero influyen notablemente en el aprendizaje. Un mismo alumno puede obtener resultados muy diferentes dependiendo, por ejemplo, de la hora del día en que estudie.
Los rasgos afectivos quizás son los que más importancia tienen. De nada sirve disponer del mejor material de formación o saber cómo debemos proporcionarle la información al estudiante si este carece de motivación y voluntad suficientes, o lo que es lo mismo, no quiere aprender. Ahí precisamente reside el papel fundamental de un profesor que más que un “orador” que relata los contenidos debe ser un coach que conduzca al alumno motivándole y guiándole en el proceso de aprendizaje.
Aunque a lo largo de esta serie de artículos veamos con más detalle todos los rasgos antes comentados, en este primero queremos hacer hincapié en los estilos cognitivos de aprendizaje puesto que es lo que más fácilmente vamos a poder adaptar al alumno. El Modelo de Programación Neurolingüística (PNL) nos distingue tres categorías, recordemos sin embargo que no existe ningún alumno que pertenezca a un tipo sólo sino, más bien, que tiene preferencia por una de ellas:
Las personas visuales tienen preferencia por pensar en imágenes. De ahí que cuando se ponen a estudiar aprendan mejor cuando pueden ver la información. Para ellos diseñaremos esquemas visuales, videos de apoyo, relaciones de imágenes con palabras, etc.
Las auditivas aprenden mucho mejor si se realizan explicaciones orales y se crean debates en clase. Estas personas tienen más facilidad para aprender idiomas o música. Sin embargo tienen más dificultad para ver toda la información en conjunto como haría alguien visual.
Los kinestésicos asocian la información a los movimientos y sensaciones, por lo que necesitan moverse y prefieren experimentar. En consecuencia, tendrán mayor facilidad para aprender deportes, realizar artesanía o cualquier otra actividad semejante.
continuará..
Yolanda Crespo Forcada